sábado, 16 de enero de 2010

Primer capítulo del libro.

Pues esta entrada habría que considerarla como el primer capítulo, pues la anterior en realidad era la introducción al "libro".

Mis últimas impresiones con Linux vienen a raíz de haberse estropeado la placa base. Al estar en garantía la llevé al comercio para que me tramitara el arreglo o la sustitución. Me trataron de maravilla (algo no tan habitual hoy en día) aunque me advirtieron de que la cosa podría tardar, pues no era una placa de las más habituales. Incluso me prestaron otra placa, pero que resultó no funcionar en mi ordenador, por lo que les compré una placa de lo más sencilla para "ir tirando" hasta que volviese la mía (que era de una gama medio-alta).

Tras conseguir que el ordenador fijo arrancase por fin... el que no quiso saber nada de arrancar fue Windows Vista: NADA DE NADA, muerto, completamente. Por el contrario Kubuntu arrancó como si nada: Windows 0 Linux 1.

Esto hace pensar muy mucho si utilizar un SO en que cualquier cambio serio de sistema hace que no arranque o que tengas que volver a reinstalarlo (algo que yo prefiero evitar para no perder configuraciones de programas varios, el de correo electrónico entre otros, y por si algún dato desapareciera y no estuviese bien copiado en la correspondiente copia de seguridad). Pero que muy mucho te lo hace pensar.

En ese momento, en que me veía uno o dos meses utilizando exclusivamente Linux, tenía bien presente que "había quedado pendiente" sustituir el Kubuntu del fijo por Ubuntu, para poder experimentarlo en profundidad "tal y como era" (y no un derivado como Kubuntu). Así hubiese podido sacar conclusiones sin posibles objeciones o dudas de si tal cosa iba mal sólo en ese derivado o tal otra faltaba porque en ese derivado había tal error.

Así pues llegamos al segundo capítulo.

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