sábado, 16 de enero de 2010

Voy a escribir un libro sobre Ubuntu.

Pues eso, en vista de todo lo que sé sobre Ubuntu creo que ya puedo escribir EL libro.

El título... pues obvio: "Ubuntu y la madre que lo p**ió".

Bueno, aparte de que el querido Eugenio reconocería este comienzo el caso es que mis últimas experiencias con Ubuntu son las que siguen.

Tengo un Core 2 Duo E7300 que tiene ahora justo 1 año, con un disco duro de 1 TB donde hice varias particiones.

Lo compré junto con una copia (original, que costó 135 pavos) de Windows Vista Business 64 bits, que instalé en la primera partción.

Quería probar una distribución de Linux (hasta ese momento sólo había probado alguna "mini-distro"), así que empecé por probar a instalar Ubuntu 8.10 (Intrepid Ibex) en un viejo portátil. Todo iba más lento que el caballo del malo, incluso con el escritorio XFCE (Xubuntu) que probé tras leer que era más ligero y que daba vidilla incluso a equipos viejos (en mi caso NO ha sido así, y tampoco es un portátil del jurásico, que conste).

Tras haber visto Ubuntu y Xubuntu en el portátil decidí probar con Kubuntu en el fijo. Así que lo instalé en la segunda partición del disco duro. La verdad es que gráfica y estéticamente me pareció más afín a mis gustos que Ubuntu (para gustos colores).

Como es lógico no hubo ningún problema de velocidad ni rendimiento (el fijo era casi nuevo). Pero me pareció que "no iba fino del todo".

Ahora no recuerdo bien todas las cosas que me proporcionaron esta impresión, pero fueron bastantes. Probablemente la más gorda fué que me volví loco para conseguir una resolución del monitor decente (tengo un monitor TFT de 24" y 1920x1200 de resolución, los reyes se portaron bien, pues el anterior ordenador duró más de 10 años y este equipo se tiene que hacer a la idea de lo mismo, por lo menos).

En el portátil no hubo ningún problema, pero en el fijo... todos los del mundo. Entiendo que la gente NO quiera Linux.

Bueno, después de varias tardes leyendo páginas y foros por internet me atreví a editar ficheros xorg.conf y otras cosas aún más terroríficas de las que ya ni me acuerdo y conseguí que se viese decentemente.

Pero, como decía antes, me pareció que el Ubuntu del portátil era (a pesar de lento-lentísimo-superlento y por lo tanto prácticamente inutilizable) más "coherente" y "robusto", que iba "más fino" que el Kubuntu.

Al fin y al cabo este último es un "derivado" del Ubuntu, así que achaqué los distintos problemas o "incomodidades" a este hecho. Pensé pues que, aunque gráfica y estéticamente me gustase más KDE (y también el tema de grabar CD/DVD me pareció mejor resuelto con el programa que viene con KDE), pues que lo suyo sería "acudir a la fuente" para poder tener una experiencia más "real" y valorable con Linux.

Así quedó la cosa durante bastantes meses, el Kubuntu del ordenador fijo aparcado y sin usarse, el Ubuntu y el Xubuntu del portátil... casi que idem, excepto en caso de extrema necesidad debido a lo frustrante de la lentitud (siempre que podía utilizaba aquí Puppy Linux, que he de decir que es una pasada para estos casos de máquinas viejas).

Esto fue así hasta que se estropeó la placa base del fijo, coincidiendo poco más o menos con mi inscripción al curso de Ubuntu.

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